La amistad de la vida

Era pequeña, un gnomo, vamos como ahora.

La infancia es una época dura, llena de maldades que ahora las tomamos como chiquilladas, pero algunas cosas al final dolían. Yo era mala, y lo reconozco, hice cosas de las cuales me arrepiento, pero sé que gracias a ellas hoy en día soy como soy y he cambiado al respecto. Recuerdo que hacíamos grupo y éramos como Blair Waldorf en Gossip Girl, no dejábamos entrar a ninguna que no quisiésemos o que nos pareciese una “pringada” (lo pongo entre comillas porque a día de hoy no pienso que fuese así). También utilizábamos a la gente, nos volvimos tan perversas que le decíamos a una que nos caía bien para que nos hiciese un favor y luego la mandábamos a paseo. Así. Sin más.

Luego vinieron otras épocas, crecimos, seguimos siendo unas bellacas pero ya el círculo se redujo y terminamos por hacerlo entre nosotras. Éramos falsas, hipócritas y a la vez mejores amigas para siempre, claramente esto acabó siendo un caos. Un día decidimos contarnos todo, sacar toda la mierda que llevábamos dentro y en cierto modo funcionó. Pero al final los conflictos volvieron a resurgir y no se resolvió todo cómo pensábamos, todavía no teníamos esa madurez. Después de un año, cambiamos y todas eramos amigas de nuevo pero en el fondo, no era así.

Tras todo ello, un tiempo a miles de kilómetros y días de reflexión, me di cuenta de quién era realmente mi amigo, de que no compensaba seguir luchando por amistades que no me aportaban nada.A veces hay que dejar ir a esas personas que por muchos años que hayan estado a tu lado, sabes que nunca fueron tus amigas. Al menos nos dimos cuenta a tiempo.

Cambiamos y poco a poco nos vamos conociendo más: analizamos nuestros gustos, vamos aceptando nuestros defectos, descubrimos nuestras pasiones y hobbies… y con ello me quedé con esos 6/7 amigos que tengo ahora, pero sé que son de los que se quedarán toda la vida. Porque a veces conocemos a gente y en un año o incluso en meses se convierten en personas más importantes que cualquiera que estuvo desde la infancia.

La amistad es la sonrisa cómplice que te dice más que 5 páginas de apuntes, la mirada que hace que te salga una carcajada en el momento más inoportuno, es el abrazo que termina en lágrimas o en una sonrisa de oreja a oreja, es el disfrutar de ese silencio que a veces se crea. Es irse de cervezas improvisadas y acabar en cualquier bar bailando, es saber que siente la otra persona sin que diga una palabra, es hablar de todo y de nada, confiar, aconsejar… Experimentar mil cosas y saber que les contarás a tus hijos algún que otro momento vivido con esa persona. Como decía una amiga mía, es todo lo que se habla, se siente, se comparte y sobretodo lo que se calla .

 

 

 

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