El círculo vicioso de la mente

Es como un mechero que vuelve a encenderse tras meses sin haberse usado, es la chispa que activa la llama, el gas que acciona el fuego, es la sensación de volver a lo que tiempo atrás te gustaba pero al mismo tiempo ataba tus alas al suelo. Ahora, que vivías como el segundero de un reloj, que a cada momento estabas en un sitio diferente y de pronto…
“puf”
Paras.
Miras.
Cruzas.
(como en los pasos de cebra de Las Rozas)

Ahora estás en el lado “sensato”, ese en el que no entrabas desde hacía días, semanas, meses… Ya tenía polvo de estar tan solo. Ese lado de tu mente que abres y al cruzar el umbral de la puerta no sabes si te ordena o te revuelve todo, y más cuando estás en modo reajuste. ¿Lo cruzo? Te preguntas.
Piensas.
Sigues.
Escribes.

Después reflexionas y realmente no encuentras la solución, ni la conclusión de todo lo que ha pasado, en el fondo sabes que actúas por impulsos y si algo quieres, lo haces, aunque conoces los obstáculos y consecuencias de lo que buscas, pero lo haces.
Entonces llega la frustración.
La tristeza.
El “pasotismo”.
La desesperación.

¿Es dura eh? La vida de sobrepasar al lado en el que está la pescadilla que se muerde la cola, que “hijaputa” como te lo pega. Decides volver a tu estado más reciente, se vive bien así, como un segundero del reloj, en el momento, en el segundo…
Bueno, puede ser que no.
Vuelves a pensar.

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